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| Convento
de San Francisco | Sobre cimientos romanos y árabes,
el primer marqués de los Vélez, Pedro Farjardo y Chacón,
construyó el castillo
en 1524. La fortificación, recientemente restaurada, tiene plaza de armas,
foso, galerías de ballesteros y torre del homenaje, donde se encuentra
la lápida que conmemora su construcción. Desde la torre,
a la que se accedía por medio de un puente levadizo, se divisa la Puebla
de Mula y el castillo de Alcalá. Declarado en 1981 conjunto Histórico
Artístico Nacional, el casco
antiguo de Mula atesora edificaciones civiles y religiosas de diferentes
épocas y estilos. En la plaza Mayor puede visitarse la parroquia
de San Miguel (siglos XVI y XVII). Tiene planta de cruz latina con una sola nave
y seis capillas. Guarda una notable colección pictórica -132 óleos
de los siglos XVI al XIX- donada por Pilar de la Canal y Rosique, junto a otros
cuadros y tallas propiedad de la parroquia destinados a formar parte del museo
de Arte Sacro. Un vasto conjunto forman el convento
de San Francisco y la iglesia de la Purísima, construídos
entre los siglo s XVI y XVIII. La fundación del convento (1574) se atribuye
al tercer marqués de los Vélez. Tras diversos avatares, en 1873,
a raíz de la desamortización de Mendizábal, el edificio se
vendió por 36.600 reales, y la iglesia de la Purísima se convirtió
en efímero teatro (llegó a representarse el Tenorio). Las restantes
dependencias se destinaron a vivienda y posada. En 1894 se abrió
de nuevo al culto, pero tres años después las pocas imágenes
que quedaban fueron trasladadas a San Miguel y la iglesia volvió a cerrarse.
Después de la guerra civil hizo las veces de cárcel y de silo para
almacenar cereales. El Ayuntamiento, que ya ha adquirido y restaurado
parte del convento, se propone adquirir la totalidad del conjunto. La iglesia,
de portada renacentista con arco de triunfo sustentado por pilastras jónicas,
tiene una hornacina que hace años albergó la imagen de San Francisco.
La planta es de cruz latina; posee una amplia nave central y seis capillas con
bóvedas de crucería. Desde el espacioso coro se accede al campanario.
La iglesia muestra dos épocas diferentes: la del siglo XVI, caracterizada
por un bellísimo artesonado de madera decorado con motivos florales, y
la del XVIII en que se amplió la primitiva estructura.
La parroquia de Santo Domingo data también del siglo
XVI. Adosada al templo está la capilla del Rosario
de estilo barroco y planta de cruz griega. La Ermita
del Carmen, edificada sobre los restos de una mezquita,
y el monasterio de la Encarnación, una de las joyas
arquitectónicas de la villa, son otras de las huellas
que dejó el barroco.
El monasterio, levantado en el siglo XVI, consta de tres cuerpos
con bóvedas de arista y hermosos artesonado. Guarda
una relevante colección de óleos, esculturas
y orfebrería. Es aconsejable un recorrido por las calles
del Marqués, Valmarino y San Francisco para apreciar
la belleza del casco histórico de Mula, donde se conservan
mansiones del siglo XVIII que lucen en sus fachadas sillares
labrados, blasones, y espléndidas rejerías de
forja (casa de los Zapata, Blaya, Pintada, Cobos y marqués
de Menahermosa, donde se ubica el Museo de Arte Ibérico).
Tal y como se describía la villa en 1657, a escasa
distancia se encuentra la pedanía de los Baños
de Mula. Por sus casas fluyen a treinta grados aguas
ferruginoso-ácido-salínicas recomendadas para
procesos reumáticos. No hace muchos años se
las consideraba útiles contra la esterilidad. Algunos
baños de este singular balneario, utilizado por romanos
y árabes, han sido remozados.
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